6.10.06

LA PRIMITIVA IGLESIA DE SANTA CRUZ Y LA JUDERÍA SEVILLANA

En el lugar que hoy ocupa la placita de Santa Cruz, tan turística y fotografiada, se alzó hasta julio del año 1810 la iglesia mudéjar del mismo nombre. Fue primitivamente una de las tres sinagogas de que constaba la judería sevillana junto a San Bartolomé y Santa María la Blanca (no se olvide que la judería sevillana fue la segunda en importancia de Castilla tras la toledana). Previamente fue mezquita (una calle próxima recuerda su origen primero) y tras la conquista de la ciudad fue entregada a los judíos para su transformación en sinagoga por el rey Alfonso X el Sabio. Al desaparecer la judería sevillana, después del asalto que sufrió por parte del pueblo de Sevilla el martes 6 de junio de 1391 la sinagoga se transforma en iglesia católica. He aquí pues uno de los pocos casos que conocemos en nuestra ciudad de un templo que ha servido para las tres religiones monoteístas.

Siguiendo la descripción que nos hace de ella González de León en su Noticia Artística nos dice que "era pequeña, de tres naves iguales divididas por arcos desiguales que estribaban sobre columnas obscuras de granito basto, como las que hay por las gradas de la catedral; y eran desiguales en su grueso y altura. La techumbre era de tirantes de madera cubierta de tejas" [1]. Su planta recuerda a la de la sinagoga de Bembibre, en León (posteriormente iglesia de San Pedro).

De este templo procede el famoso cuadro del descendimiento de Pedro de Campaña propiedad de la familia Vibiero, hoy en la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla y que ocupo el altar a cuyos pies estuvo enterrado Murillo. Menos conocido es la existencia de algunas columnas procedentes de este templo. Siguiendo al profesor Cómez podemos decir que dos de las columnas de granito que sostenían el templo se hallan hoy día en la calle Rábida sirviendo dos de ellas de sostén a la verja del pabellón de Chile y otras dos sujetando la cancela de los jardines citados. Su altura es de unos tres metros y su diámetro ronda el medio metro recordando a algunas de las que delimitan el espacio catedralicio por lo que podrían tratarse del mismo taller, al parecer del mismo profesor. Previamente, estas cuatro columnas se habían trasladado en el año 1830 para adornar un Jardín Botánico que no llegó a construirse en una de las glorietas de los jardines del palacio de San Telmo.

Tras la conquista de la ciudad por las tropas de Fernando III se forma una aljama (barrio judío) que abarcaba los actuales barrios de Santa Cruz y San Bartolomé. Esta judería tenía sus límites, con una muralla propia que la separaba del resto de la ciudad, siguiendo a grandes rasgos las siguientes calles: Plaza del Triunfo, Mateos Gago, Fabiola, Federico Rubio hasta llegar a la iglesia de San Nicolás, Conde Ibarra, plaza de las Mercedarias, Vidrio, Armenta y Tintes para enlazar con la muralla exterior de la ciudad. Dentro de ese recinto el rey Alfonso X cedió en 1252 a los judíos tres antiguas mezquitas para transformarlas en sinagogas. Se trataba de las iglesias de Santa Cruz (derribada en 1810), Santa María la Blanca (se conserva decorada en barroco) y San Bartolomé. También hubo sinagoga en el lugar que hoy es convento de Madre de Dios.

La calle central de esta judería sería las actuales calles de San José y Santa María la Blanca, con salida al exterior del recinto amurallado por la puerta de la Carne (Minjoar) y otras puertas que daban al interior de la ciudad como la llamada del Atambor (en Rodrigo Caro) y otra en San Nicolás.

La judería sevillana era la segunda de España en importancia tras la de Toledo con un máximo de cuatrocientas familias en sus mejores momentos (unas dos mil personas) con un importante grupo de judíos ricos dedicados al comercio de dinero en calidad de prestamistas, banqueros y arrendadores de impuestos (valga como ejemplo el caso de Samuel Levi, almojarife de Pedro I). Esta judería termina en el año 1391 cuando, como consecuencia de las predicaciones y arengas de un clérigo radical antisemita, el arcediano de Écija Ferrán González, el pueblo de Sevilla asalta la judería y provoca una gran matanza . Los judíos que sobreviven optan unos por la conversión forzada y otros continúan, ya muy empobrecidos, viviendo en el barrio de San Bartolomé. Tras la desaparición de la judería y la demolición de su muralla sus sinagogas pasan al culto cristiano. A partir de ese momento la aljama sevillana desapareció como tal barrio judío. Sobre su solar se constituyeron varias collaciones y barrios, y los bienes de la comunidad y de los particulares que no los reclamaron fueron entregados a las iglesias que se erigieron y particulares.
[1] Para un detallado estudio de la sinagoga ver el libro de Rafael Cómez Ramos titulado "Imagen y Símbolo en la Edad Media andaluza" páginas 123 a 142.