23.9.06

PILA BAUTISMAL DEL PATIO DE LOS NARANJOS


El Patio de los Naranjos es uno de los pocos restos que quedan de la antigua mezquita aljama de Sevilla y desde el cual se admira la incomparable torre que fue su alminar. Tenía el patio, en palabras del cronista Morgado, un ambiente de agradable umbría, con altas palmeras, cipreses, naranjos, cidros y limoneros con un templete en el centro que albergaba una fuente cuya taza, visigoda, se conserva hoy en una fuente más moderna. Así era el patio hasta 1618 en que se derribaron sus galerías de poniente para construir la parroquial del Sagrario conservándose en la actualidad las galerías norte y levante.

Hoy día se sigue conservando, como fuente ornamental , una pila bautismal que hace de taza en la fuente y que es de época visigoda, presentando una ornamentación de rosetas con círculos secantes y una tosca talla a bisel ¿Sería la pila bautismal de una iglesia visigoda que supuestamente habría en ese lugar? Por diversos testimonios tenemos noticias de que, cuando los musulmanes entran en Sevilla, había al menos tres templos cuyos nombres conocemos: la basílica de la Santa Jerusalem, la iglesia de San Vicente y de las Santas Justa y Rufina. Quizás la mezquita musulmana se construyera sobre los restos de alguna de estas iglesias visigodas lo cual explicaría la existencia de capiteles visigodos en las ventanas de la Giralda. La pila bautismal es de mármol, de planta poligonal, y no debe relacionarse con la pila de abluciones que hubo de tener la mezquita aljama de Sevilla que ocupó el solar donde hoy está la catedral.

En cualquier caso esta pila bautismal es uno de los escasos vestigios que nos quedan en Sevilla de la civilización que dio a la ciudad figuras tan señeras como los santos Isidoro (que presidió el IV Concilio de Toledo) y Leandro (conversor al catolicismo de san Hermenegildo) que hicieron a la ciudad vivir una de sus épocas intelectualmente más gloriosas. Esos santos hermanos, que junto a sus otros dos hermanos san Fulgencio y santa Florentina aparecen en la portada del Bautismo de la catedral sevillana, crean una escuela eclesiástica que convierte a Sevilla en la capital cultural de los visigodos y aquí completan sus estudios entre otros san Ildefonso de Toledo y san Braulio de Zaragoza. Prueba de esa importancia cultural la dan la existencia las iglesias ya citadas y la reunión en Sevilla de dos Concilios episcopales en la iglesia de Santa Jerusalén, considerada como la primera catedral hispalense además de la iglesia de San Vicente (lugar que la tradición señala como primer enterramiento de San Isidoro) y otra en el campo de los Mártires, sobre el enterramiento de las hermanas Justa y Rufina. Fue en el II Concilio de Toledo de 527 cuando se decidió fundar las llamadas Escuelas “in domo ecclesiae sub episcopali praesentia” para la formación de los adolescentes que deseaban ser al sacerdotes. Sevilla fue la ciudad en que esta disposición se llevó a cabo con más firmeza y acierto gracias a san Leandro.

“A la escuela de Sevilla acudía lo mejor de todas las diócesis de España: en sus aulas se acogían clérigos despejados enviados por sus obispos, príncipes godos o patricios hispano-romanos. Pero entre todos descollaron Braulio e Ildefonso. Los dos llegaron a la santidad, el primero como obispo de Zaragoza y el segundo de Toledo. También el clérigo Redempto, que dejó un relato de los últimos días de la vida de san Isidoro; y Bracario, que ocupó también la sede hispalense”[1].

Sobre una de las iglesias extramuros, al parecer sobre la basílica visigoda dedicada a San Vicente y de la cual se conserva el baptisterio junto al muro septentrional del que debió ser Patio de Armas del primitivo alcázar (hoy Patio de Banderas), fue donde en tiempos de Abd al-Rahman III se decidió construir el Dar Al-Imara , el Palacio del Gobernador, germen inicial del hoy Alcázar de la ciudad[2]. Estos restos del baptisterio están rodeados en sus cuatro caras por un pequeño recinto de unos dos metros de lado y la piscina bautismal para el rito de la inmersión practicado también en aquellos tiempos y que allí se conserva es todo el vestigio monumental visigodo que se puede encontrar en Sevilla de una época que fue tan brillante como poco conocida. Tal vez algunos de los capiteles que hoy podemos ver en diferentes zonas del Alcázar procedan de esta primitiva basílica visigoda dado la afición al saqueo y reutilización de elementos arquitectónicos usados por el arte islámico en el cual el empleo de material de "acarreo" es una constante. No se sabe con exactitud donde estuvo el palacio visigodo de Sevilla, aunque todos los indicios apuntan a la zona de la calle Corral del Rey, cerca de la actual parroquia del Salvador sobre la cual se construyó la mezquita de Ibn Hadabas y en pleno corazón del que fue foro romano.

Terminamos con unas palabras que Santiago Montoto dedica a la Sevilla visigoda en su Biografía de Sevilla: “Ahora (Sevilla) será foco de intercambio, recogerá en su seno las corrientes del saber que llegan de África y las que traen del Oriente los imperiales, y fundidos con las características de los hispano-romanos, se convertirá en archivo de la cultura española con san Leandro y san Isidoro, salvando todo lo bueno y noble de lo antiguo para incorporarlo a la civilización de los germanos, que al invadir a España, marcaron un nuevo hito, una nueva edad en la historia patria”. La Sevilla visigoda no fue la capital política ni administrativa del reino pero si que fue la metrópolis de las ciencias y de las letras.


[1] ROS, Carlos: Desde el balcón de la Giralda. Rodríguez Castillejo, Editor. Sevilla 1991. Pag 38
[2] El primitivo Alcázar Dar Al-Imara se levantó extramuros después del año 913 como consecuencia del levantamiento de la población contra el gobernador Umayya y posterior recuperación de la ciudad por las tropas de Abd al-Rahman III. Los muros de este primitivo alcázar se pueden observar en la Plaza del Triunfo, en la calle Romero Murube y en el interior del alcázar en el patio del León.