11.1.08

LA CAPILLA DEL MAYOR DOLOR, SEDE CANÓNICA DE LA HERMANDAD DE JESÚS DESPOJADO. PATRIMONIO I


José Gestoso a fines del S. XIX describe la capilla como “pequeña, con sencillas molduras” y del retablo nos dice que “contiene las figuras de San Miguel, San Fernando, Santa Gertrudis, San José, Ntra Sra del Mayor Dolor y San Juan Nepomuceno[1]”. Todas las figuras citadas se conservan actualmente en la capilla algunas cambiadas de lugar salvo el San Juan Nepomuceno, que se desconoce su paradero. Esta figura debió ocupar la hornacina del segundo cuerpo del retablo, donde hoy se venera a la Virgen del Mayor Dolor. También es de hacer notar que a la imagen de Santa Gertrudis también se la nombra como Santa Basilisa, tal como los padres claretianos ponen al hacer inventario de la capilla. Dada que su iconografía no presenta ningún elemento clarificador nosotros daremos por bueno el nombre que los claretianos le adjudican y que ayuda mejor a la comprensión del mensaje iconográfico que tenía el retablo en su disposición original.

La capilla presenta al exterior una fachada muy simple, con una portada de regusto clasicista estructurada en dos cuerpos: en el inferior se encuentra la puerta de acceso, adintelada y flanqueada por dos pilastras de orden dórico sobre las que se levanta un entablamento con su arquitrabe, friso con seis triglifos más uno central ondulado y seis metopas cuatro de las cuales tienen decoración romboidal rematando una simple cornisa todo ello de material pétreo. En el segundo cuerpo, sobre la cornisa y apoyándose en ella se eleva un frontón partido rematado por pirámides de ladrillo en medio del cual se abre una ventana flanqueada por pilastras de orden jónico sobre pedestales. Por encima de la ventana aparece un arco de medio punto rebajado rematado por tres pináculos con decoración de jarrones cerámicos a modo de acroteras adosados al muro con decoraciones en blanco y azul. Una elegante espadaña muy airosa con un solo hueco flanqueado por pilastras de orden romano decoradas con cuadrados y rombos para la única campana que soporta remata la portada. Esta espadaña queda a su vez rematada por un frontón semicircular con dos jarrones de cerámica exentos a los lados y al centro Cruz de hierro y una veleta. La fachada aparece pintada de blanco y a ambos lados de la puerta se hallan sendos azulejos representando a los Titulares colocados en febrero de 2007, para conmemorar los 25 años de residencia de la hermandad en la capilla. Son obra de Cerámica Jaén, taller de Miguel Góngora. Dos sobrios faroles iluminan la puerta de acceso al templo que consiste en una puerta metálica con dos escudos de la Hermandad.

El interior de la capilla es de reducidas dimensiones presentando una única nave con planta de salón. Aparecen dos zonas bien diferenciadas: la nave, que se cubre con una bóveda de cañón rebajada con arcos fajones y con coro alto en la zona de los pies (hoy almacén del paso mediante un curioso artilugio que permite bajarlo) y la zona del presbiterio o cabecera, más elevada que la nave, cubierta con bóveda vaída y a la que se accede a través de tres peldaños. Cuatro pilastras adosadas al muro, las dos primeras de orden dórico y de orden jónico las siguientes compartimentan la nave en dos tramos. Sobre las pilastras corre un entablamento con su arquitrabe, friso corrido sin decorar y una cornisa sobre la que voltea la bóveda. Un zócalo marmóreo de color rosáceo recubre el muro de la nave hasta la altura de 1.45 m en sustitución del zócalo de azulejería que tuvo la capilla.
En la zona del presbiterio destaca el retablo, de estilo barroco pudiéndose fechar a fines del S. XVIII, de autor desconocido. El retablo se estructura en banco, dos cuerpos y tres calles. Apoyado en el banco se levanta el primer cuerpo del retablo con un camarín central a modo de templete abierto por el frente y los laterales que se proyecta hacia delante y que rompe el entablamento invadiendo el segundo cuerpo, flanqueado por unos soportes lignarios en la que actualmente se venera la imagen del titular de la Hermandad, Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, obra de Antonio Perea Sánchez gubiada en 1939 y que antes ocupaba la imagen de la Virgen del Mayor Dolor, Titular de la capilla. Formando un mismo cuerpo con este templete se encuentran el Sagrario en la zona más baja y sobre el Sagrario aparece el Manifestador trentino enmarcado por columnillas pareadas, lugar hoy ocupado por un Crucifijo debido a los nuevos usos litúrgicos que hacen innecesario tal elemento.

En repisas que van enmarcadas con unas molduras decoradas a partir de motivos vegetales y formas sinuosas en las calles laterales del retablo aparecen a la derecha del Titular la imagen de Nuestra Señora de los Dolores y Misericordia, obra de Antonio Eslava Rubio de 1962 y a su izquierda la imagen de San Juan Evangelista, obra de Juan González Ventura del año 1981. Las repisas van flanqueadas por columnas de orden romano que marcan las calles del retablo con el fuste decorado con una guirnalda en espiral. Antes de la reforma de la capilla ocupaban esos lugares las imágenes de San José y Santa Basilisa respectivamente.

Sobre las columnas del primer cuerpo se levanta un entablamento con su arquitrabe, friso corrido sin decoración y una cornisa sobre la que se apoya el segundo cuerpo. En ese segundo cuerpo en la calle central se abre una hornacina que ofrece a la veneración de los fieles la titular de la capilla, la Virgen del Mayor Dolor, talla barroca de fines del S. XVIII y autor anónimo. La Virgen aparece arrodillada y con las manos juntas en actitud de oración y súplica. Las facciones del rostro, muy bello, son correctas dejando adivinar una profunda pena y compasión por su Hijo. Su cabeza está inclinada hacia la derecha y la mirada la lleva dirigida a lo alto surcando su rostro siete lágrimas dejando ver por la boca entreabierta los dientes superiores. Luce diadema y puñal en el pecho. Iconográficamente representa a la Virgen al pie de la Cruz.

En la calle de la izquierda aparece una escultura de reducidas dimensiones del rey san Fernando con su iconografía tradicional vestido de guerrero con manto imperial, espada flamígera en la mano derecha y bola del mundo en la izquierda y en la calle de la derecha aparece una talla del arcángel san Miguel, también en actitud guerrera con escudo en el brazo izquierdo, escudo que lleva las letras Q C D S (iniciales de su nombre que significa Quien Como DioS) y del que salen rayos de sol faltándole espada flamígera en la mano derecha que debió tener originalmente. Ambas figuras están enmarcadas por estípites y son de la misma época del retablo. Sobre san Fernando hay un óvalo con tres clavos y sobre san Miguel otro óvalo con un martillo, símbolos ambos pasionarios. El remate actual no es el original del retablo ya que tras la restauración se colocó como remate uno correspondiente a los retablos laterales en que se situaban los Titulares. La decoración de rocalla, característica del barroco final, aparece profusamente.

Como interpretación del retablo podríamos decir que en el primer cuerpo en su disposición original estaba dedicado a exaltar la virtud de la castidad, dado que aparecían, además de la Virgen, dos personajes destacados por mantener la castidad incluso dentro del matrimonio. Así aparecía San José, castísimo esposo de María y Santa Basilisa, declarada santa precisamente por mantener la virginidad en el matrimonio con su esposo San Julián. En el segundo cuerpo el mensaje cambia y aparecen dos santos guerreros y nobles: San Miguel, Príncipe de los ángeles, defensor de la Iglesia que expulsa a Lucifer y sus seguidores al infierno y San Fernando, defensor de la Cristiandad que expulsa a los musulmanes de la ciudad que le tiene por patrón y que guarda sus restos mortales. Se pretende hacer un paralelismo claro entre ambos personajes con lo que tienen en común: la defensa de la Iglesia.
[1] GESTOSO Y PÉREZ, José: Sevilla Monumental y artística. Tomo III. Sevilla 1892. Pag 452


Jesús Luengo Mena