26.1.08

EL ORIGEN DE LAS COFRADÍAS DE SEVILLA



El origen de muchas de las cofradías está ligado a la organización gremial del Medioevo ya que cumplían funciones de tipo asistencial y benéfico, además del propiamente religioso. También se crearon cofradías para agrupar a las personas de una misma etnia (negros, gitanos, mulatos) o para reunir a personas nacidas fuera de la ciudad (vallisoletanos, catalanes, genoveses) pero siempre con el matiz de ayuda mutua entre sus miembros. Así, por ejemplo, el cardenal Gonzalo de Mena, protector de la población negra que había en Sevilla en 1393, les autorizó una hermandad de gloria titulada de Nuestra Señora de los Ángeles, para que se agruparan en torno a ella y tuvieran hospital para el socorro de los de su raza. Después de esa primitiva fundación surgiría la hermandad de penitencia que todavía permanece.
Una de las cofradías más antiguas y merecedora de ese nombre es la de Jesús Nazareno, conocida como la del Silencio, fundada en 1340 y cuyas primeras Reglas aprobadas por el arzobispo Nuño datan de 1355. Más antigua parece ser la del Santo Entierro, fundada según una tradición a raíz de la aparición de una escultura de un Cristo Yacente en los días de la conquista de Sevilla en 1248 por san Fernando, que ingresaría como hermano en dicha hermandad. Sea o no cierta esta tradición, no se la puede considerar como cofradía en aquellos momentos. Lo más parecido a las cofradías serían las procesiones de disciplinantes, de moda en la Baja Edad Media por influjo de las grandes calamidades que azotaban Europa (pestes, hambrunas, epidemias) para impetrar la misericordia divina, a las que contribuyeron las predicaciones del fraile dominico san Vicente Ferrer.
Es posible que el ejercicio del Vía Crucis influyera en la forma de procesionar de las cofradías. El Vía Crucis más famoso de Sevilla fue el instaurado en 1521 por Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa y adelantado mayor de Andalucía, tras un viaje a Tierra Santa e Italia realizado dos años antes. Este Vía Crucis se realizaba todos los viernes de Cuaresma, desde su palacio de San Andrés (conocido como Casa de Pilatos tal vez por este motivo) hasta una humilde cruz hoy desaparecida situada en la Huerta de los Ángeles, en la actual calle Luis Montoto, respondiendo su distancia a la que habría en Jerusalén desde el pretorio del gobernador romano hasta el Gólgota, que Fadrique Enríquez había medido en varas castellanas. Posteriormente, este Vía Crucis se prolongó en 1630 por Fernando Enríquez, tercer duque de Alcalá, para llegar hasta el humilladero de la Cruz del Campo, tras hacer algunas variaciones en las estaciones y en las medidas de las mismas. Otros Vía Crucis iban a la Cruz del Rodeo, así llamada porque allí daban la vuelta las cofradías, que estuvo ubicada en la actual Alameda de Hércules, donde hoy se halla la capillita del Carmen; las cofradías de Triana hacían estación en ermitas del arrabal o en Santa Ana. En definitiva, las primeras cofradías hacían estación a un humilladero, iglesias, conventos u otros templos, sin distinción entre hermanos y hermanas cofrades.

Jesús Luengo Mena