9.12.07

LA CAPILLITA DEL CARMEN DEL PUENTE DE TRIANA









Los avatares de la imagen del la Virgen del Carmen del puente están ligados a la construcción del propio puente. Antes, cuando sólo existía el puente de barcas, parece ser que había un retablo dedicado a la Virgen. Cuando se decide construir el nuevo puente de Isabel II en el año 1843 surge la necesidad de buscar un nuevo emplazamiento para albergar esta imagen de tanta tradición en el barrio. Pocos años después, en 1852 se efectúa el solemne traslado de la Virgen del Carmen a una capilla nueva. Posteriormente, el hecho de construir el ensanche de la rampa que daba acceso al puente para que pasasen los tranvías hizo que plantearse la necesidad de un nuevo derribo y desplazamiento procediéndose al derribo de la capilla.

La presión del vecindario de Triana termina con el compromiso construir una nueva capilla a la entrada del puente. Así, el arquitecto Aníbal González entrega al alcalde de la ciudad el veintidós de diciembre de 1924 el proyecto de la capilla con sacristía y campanil.

El edificio actual data de 1928, fecha en la que Aníbal González la construyó para alojar un cuadro de la Virgen del Carmen del siglo XVIII de un valor más devocional que artístico y ante la cual numerosas personas siguen santiguándose cuando pasan por delante de ella. El lienzo parece ser que perteneció a un retablo colocado en la cabecera del antiguo puente de barcas trianero y de allí se llevó a Santa Ana. El cuadro nos presenta a la Virgen, sedente, con el Niño sentado en su muslo izquierdo. Ambas figuras portan semicoronas de plata y la Virgen lleva el escapulario de su advocación en la mano derecha, luciendo como vestido hábito carmelita. Para darle culto de manera sistemática se fundó una hermandad en el año 1928. El pintor Antonio Rodríguez Hernández restauró el cuadro, que se hallaba muy ennegrecido.
Se realizó esta airosa capilla con donaciones particulares de los trianeros más ilustres, tales como Manuel Vázquez Montalbán que donó el zócalo interior de la capilla, el revestimiento de azulejos de la cúpula grande los dueños de Mensaque, Rodríguez y Cía. y los ladrillos por Francisco Guinter, entre otros. El verdadero promotor de la obra fue Manuel Carnedo, que aportó 29.000 pesetas de su bolsillo, de las 33.454 pesetas que costó la obra.
El día veintisiete de julio de 1928 se realizó el nuevo traslado del cuadro de la Virgen y un estandarte de la Hermandad desde la parroquia de Santa Ana que además es uno de los lugares de Triana que estrena un nuevo tipo de iluminación que todavía no estaba generalizado: la eléctrica.



El edificio que ahora contemplamos se articula en torno tres espacios fundamentales: la capilla, una estrecha sacristía y la torre.
La capilla tiene planta circular y está coronada por una cúpula recubierta de azulejos policromados. La puerta central es adintelada y se encuentra rematada por una reja de hierro que deja ver el cuadro de la Virgen del Carmen colocada en un brillante retablo cerámica en barro cocido policromado al estilo de los azulejos de "della Robia". Numerosas molduras entre las que destacan dos pilastras corintias en ladrillo limpio enmarcan la puerta de la capilla. Se remata el conjunto con un airoso capulín sobre arcos peraltados con columnas igualmente decoradas en cerámica y en el que se aloja un bello grupo de material cerámico de las Santas Justa y Rufina patronas de la ciudad de Sevilla con la Giralda en el centro
La delicada torre o campanile es una construcción de planta octogonal con labores geométricas en ladrillo limpio en su parte superior. Se trata de una torre que se aproxima a los ejemplos aragoneses en ladrillo encontrándose una gran similitud con las torres octogonales del mudéjar aragonés como la de San Andrés de Calatayud. La torre está rematada por una artística veleta con la silueta de un sereno con su chuzo y farol en recuerdo de un suceso según la cual el sereno Marchena, avisando una noche a los transeúntes del peligro de un toro suelto, recibió una embestida de éste que por poco le cuesta su propia vida y en recuerdo del suceso narrado se le honró de esta manera.
La Capilla del Carmen, de alguna forma, es por un lado, una perenne exposición de la actividad alfarera del barrio y por otro un símbolo del entorno Puente de Triana-Altozano que los trianeros denominan de forma castiza y popular "el mechero".