27.11.07

EL COMPÁS DE LA LAGUNA Y LA PLAZA DE MOLVIEDRO


La capilla del Mayor Dolor, popularmente conocida como la capilla de Molviedro, está situada en la plaza del mismo nombre, en pleno centro de la ciudad, perteneciendo a la collación del Sagrario teniendo acceso por la calle Castelar, Doña Guiomar, Quirós y Adolfo Cuellar (hasta hace poco Rositas). La calle fray Bartolomé de las Casas también desemboca al lado de la plaza de Molviedro, placita recoleta y con un encanto muy sevillano.

La zona que hoy ocupa la plaza y calles aledañas quedaba dentro del recinto amurallado de la ciudad, próxima a la puerta del Arenal que fue derribada en el año 1860. Se conocía a este lugar como la Laguna de la Pajería o simplemente La Laguna, ya que por ser terrenos inundables solía existir alguna laguna en la zona[1]. A esto ayudaría seguramente los restos que aún quedaban de época visigoda cuando se desecó el brazo oriental del Guadalquivir que iba desde la Alameda hasta la actual calle Antonia Díaz atravesando el casco histórico de la ciudad y que dejó dos lagunas importantes en el interior, una en la Alameda y otra ésta que nos ocupa de la Pajería. La Laguna ocuparía las actuales manzanas delimitadas por las calles Harinas, Jimios, Gamazo y Castelar y en sus aledaños se instaló la Mancebía y un mercado.
En la época de la reconquista de la ciudad esta zona fue encomendada a los caballeros de la Orden del Temple (templarios) que dispusieron de casas y hospedería, aunque no consta ninguna fortaleza. Los templarios recibieron “compás” en esta parte de la ciudad o sea, terreno con jurisdicción propia, que abarcaría desde la huerta de san Francisco (actual zona de Plaza Nueva) hasta la puerta del Arenal, constituyendo un Priorato. La actual calle Zaragoza sería el centro del mismo.

Con la disolución de la Orden templaria en este barrio se asentó la Mancebía de la ciudad, cercana al puerto y frecuentada por marineros en la época en que Sevilla era puerto y puerta de Indias. Este lugar era de gran tradición en la ciudad como sitio de prostitución y de la mala vida sevillana. Diversos monarcas y Cabildos intentaron sin éxito erradicar la Mancebía proyectando incluso construir un convento en su solar. También recibió esta zona los nombres de Laguna de las Mancebías o de las Boticas. “Su verdadero nombre es de la Pajería, desde la Edad Media y estaba dentro de murallas en lo que hoy es Molviedro, Castelar, Gamazo, Padre Marchena y Doña Guiomar. En la época imperial se pusieron ahí las mancebías en unas casuchas a la orilla de la laguna fangosa, de agua de lluvias invernizadas. Estas casuchas se llamaron metafóricamente boticas por las enfermedades que daban no por las que quitaban”[2].

Justino Matute, en sus Anales, narra como “deseando la Ciudad alejar de lo principal de la población aquellas gentes, cuyas inmundicias físicas y morales eran opuestas a una buena policía, y por otra parte continuando con el proyecto de mejorar el aspecto público, enajenó bajo diversos pactos aquel terreno a personas acaudaladas, las cuales por los años de 1772 empezaron a labrar suntuosas casas, que con otras forman la que es hoy calle Nueva de la Laguna, y aún se extendieron a lo que se decía el Compás de la Mancebía y a la calle Piñones”[3].

La Mancebía sevillana “se extendía entre la puerta del Arenal y la puerta de Triana, la muralla que circundaba el casco histórico y una tapia que la aislaba del resto de la ciudad. Hacia el Arenal se comunicaba a través de un postigo y hacia la ciudad contaba con otra puertecilla denominada el golpe donde había un portero guardacoimas o guardapostigos”[4]. Como dato curioso habría que apuntar que las casillas o boticas donde ofrecían sus servicios las prostitutas estaban alquiladas por sus propietarios, que en algunos casos eran personajes relevantes de la ciudad e incluso clérigos y que las prostitutas, para facilitar el acceso a su clientela que era en gran número marinería, habrían huecos en la muralla disimulándolas convenientemente para que se pudiera acceder desde la parte del río con más facilidad y en horas en que las puertas de la ciudad estaban cerradas. En las riadas del Guadalquivir, muy frecuentes en la historia de la ciudad, estos huecos abiertos sin control alguno eran muy perjudiciales pues el agua entraba con más facilidad ya que no hay que olvidar que el cerco amurallado, una vez pasado peligros de invasiones y guerras cumplía otras funciones entre ellas las de proteger a la ciudad de las riadas. Para Justino Matute la zona se veía “habitada de gentes miserables y desconocidas, aunque no lo eran tanto sus costumbres que no pidiesen pronto reforma”[5]. Igual opinión tiene Prudencio de Molviedro sobre las “gentes de mal vivir” que habitan esa zona en miserables casillas.

Una de las muchas mejoras que el ilustrado don Pablo de Olavide[6], Asistente de la ciudad entre los años 1767 y 1776, hizo por la ciudad fue la de mandar demoler y rehacer de nueva planta el barrio de la Laguna.

Para tal fin encomendó dicha tarea primero a don Francisco de la Peña Ramírez y luego a don Manuel Prudencio de Molviedro de forma que construyeron hermosos edificios y una calle larga como centro del nuevo barrio que se llamó primero de Olavide, después calle de la Laguna y de Molviedro y hoy Castelar. Don Manuel Prudencio de Molviedro, del que se ha dicho que era arquitecto o ingeniero, era un militar de grado capitán, natural de Viana (Navarra) que en 1749 figura patroneando los barcos “San Antonio de Padua” y el “Nuestra Señora del Rosario”. Años más tarde figura como “absentista general de la provisión de utensilios para los ejércitos de los cuatro reinos de Andalucía”[7]. Lo anterior no excluye que fuese a la vez ingeniero o arquitecto.

“Una de las grandes realizaciones urbanísticas del Asistente Olavide es el nuevo barrio construido sobre los solares de la antigua Mancebía (La Laguna[8]), entre la Pajería y la Puerta del Arenal. Fue comenzado en 1772, bajo las órdenes del arquitecto Molviedro, y terminado en 1778. De lugar vitando, cobijo del vicio y de la miseria, fue transformado en amplias calles y dignos edificios que conocemos hoy”[9]. Este nuevo barrio quedó integrado en el Cuartel A, barrio 2º de la ordenación territorial que elaboró Olavide de la ciudad. La reurbanización pues “consiste básicamente en la regularización del antiguo vacío de mercado creándose la actual plaza de Molviedro, la eliminación de revueltas en la calle Piñones (Padre Marchena) y la apertura de una calle totalmente recta que comunica la nueva plaza con la Puerta del Arenal”[10]. En esa calle, hoy Castelar, en el solar de los actuales números 15-19 construyó su palacio don Manuel Prudencio de Molviedro hoy desaparecido. Tras el cese de Olavide y su detención por parte de la Inquisición, el 14 de noviembre de 1776, la reurbanización comenzada continuó bajo los mandatos de los Asistentes don Francisco Antonio Domezain y Andía y don Pedro López de Lerena hasta la total terminación de las obras sobre cuya fecha existen discrepancias.

En el plano mandado realizar por el Asistente de la ciudad Pablo de Olavide en 1771 aparece una plaza con el nombre de Compás de la Laguna en la zona actual de calle Gamazo, pero la actual de Molviedro no está rotulada teniendo acceso por las calles de Molviedro (actual Castelar), por la calle Piñones (actual padre Marchena), por la calle Rosa y Rosilla y por la calle Palenque, actualmente Doña Guiomar desde 1880 en homenaje a tan ilustre dama.[11]

En el centro de la plaza se situaba una Cruz y allí se encontraba una pequeña ermita que duró hasta la construcción de la actual capilla y que se cita en la Explicación del plano de Olavide como dentro de las “Hermitas donde se celebra” como “Hermita de Nuestra Señora del Mayor Dolor” aunque hay un error en la numeración. Félix González de León nos da una breve noticia de la misma diciendo que “había una ermita pequeñita pero muy primorosa en su construcción, con su media naranja y linterna...y en su altar principal se venera una imagen de Nuestra Señora del Mayor Dolor, muy bella y de regular mérito”[12]. También Matute nos dice que había “una pobre ermita con hermandad erigida al intento daban culto a la Sma Virgen con el título del Mayor Dolor”[13]. También aparece la capilla en un plano que se halla en el expediente de la Escribanía de Cabildo de 1776 en el cual Prudencio Molviedro expone el proyecto de construcción de la plaza y de un palenque a iniciativa propia para vender “pan, carne, bacalao, pescado, hortalizas y demás comestibles” con la indicación de que la ermita será derruida[14]. En el plano de la ciudad publicado bajo el “auxilio y protección” de don Luis Sartorius “con la mejoras hechas hasta 1848” la actual calle Castelar se rotulaba como calle de La Laguna y la plaza ya se denomina de Molviedro.

La plaza se llamó Tonelería en la Edad Media, Palenque en el S. XVIII y de Molviedro posteriormente. Ha tenido varias funciones: en el siglo XVIII asumió un papel comercial debido a la instalación en ella de un mercado de pan y otros alimentos como y se dijo, mercado que se suprimió posteriormente cuando el Ayuntamiento procedió a la reurbanización de la zona. Actualmente la ocupan casi en su totalidad edificios de instituciones financieras con fines sociales y algunos vecinos siendo escasa su actividad comercial predominando el uso residencial.


[1] La calle de la Pajería es la actual calle Zaragoza desde el año 1896 en que se le puso este nombre. Pajería (Paxería) debía su nombre al mercado de paja allí existente.
[2] MENA, José Mª de: Calles, plazas y barrios antiguos y modernos. Sevilla, 1973. Pag 145.
[3] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla. Tomo II. Sevilla, 1887. Pag 299.
[4] MORALES PADRÓN, Francisco: La Ciudad del Quinientos. Historia de Sevilla Tomo III. Universidad de Sevilla. Colección de bolsillo nº 58. Sevilla, 1977. pag 120
[5] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Op. cit pag 298.
[6] Don Pablo de Olavide (1725-1803) nació en Lima y tras unos años de estancia en América llega a España donde se instala en Madrid siendo nombrado en 1766 director del Hospicio de San Fernando. Es nombrado Asistente de Sevilla el 21 de junio de 1767 así como responsable de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Su labor como Asistente fue muy destacada, transformando la Mancebía en un nuevo barrio, abriendo la Alcaicería de la Seda (laberinto de calles cuyo núcleo era la actual calle Hernando Colón) saneándola, abriendo nuevos caminos, disponiendo la plantación de árboles en las orillas del río, construyendo husillos, rotulando la ciudad a la que dividió en cinco cuarteles con ocho barrios cada uno y pavimentando calles, ordenó la realización del primer plano de la ciudad en 1771 y ubicó la Universidad en la Casa Profesa de los expulsados jesuitas impulsando un Plan de estudios progresista en el que por vez primera las materias de contenido científico-técnico primaban sobre las especulativas. En diciembre de 1775 fue llamado a Madrid acusado por la Inquisición de ”hereje, infame y miembro podrido de la religión”.
[7] FALCÓN MARQUEZ, Teodoro: Sevilla penitente. Editoral Gever. Tomo I Sevilla, 1995. Pag 221-222.
[8] También se denominó como la Laguna a la zona actual de la Alameda de Hércules.
[9] AGUILAR PIÑAL, Francisco: “Siglo XVIII. Historia de Sevilla Tomo IV. Universidad de Sevilla. Colección de bolsillo nº 90. Sevilla, 1982. Páginas 89-90
[10] VIOQUE CUBERO, Rafael; VERA RODRÍGUEZ, I.M. y LÓPEZ LÓPEZ, N: “Apuntes sobre el origen y evolución morfológica de las plazas del casco histórico de Sevilla”. Ayuntamiento de Sevilla y Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1987.
[11] Doña Guiomar fue una ilustre dama que gastó parte de su fortuna en mejorar la ciudad y socorrer a los necesitados. Era hija del mercader de origen romano don Manuel Saunines y de doña Juana González y entre su legado está el pavimentado de muchas calles y la reedificación de la Cárcel Real en 1418 llevando agua corriente a la misma para aseo y alivio de los presos ayudando también grandemente a las obras de la catedral y a numerosos conventos. Tras su muerte, acaecida en el año 1426, legó al Concejo de la ciudad unas salinas que poseía en Cádiz.
[12] GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: “Noticia artística histórica..”. Tomo I. Sevilla, 1844. Pag 215.
[13] MATUTE Y GAVIRIA, Justino: Op. cit pag 299
[14] Archivo Municipal, Escribanía del Cabildo Sección 5, Libro 258, Leg 24 n ºs 7 y siguientes. También en el libro 265, 13 de la misma Sección V. En dicho expediente don Manuel Prudencio de Molviedro presenta proyecto para construir en terrenos de su propiedad una plaza de 30 varas de ancho y otras tantas de largo y para fabricar un Palenque.

10.11.07

LA PLAZA DE ESPAÑA: ICONOGRAFÍA

RELACION DE BUSTOS DE PERSONAJES QUE APARECEN DE NORTE A SUR

TORRE NORTE

Séneca
S. Isidoro
D. Pelayo
El Cid
D. Jaime I
San Fernando
Raimundo Lulio
Alfonso X
Cristóbal Colón
Padre Marchena
Los hermanos Pinzones
Isabel la Católica
Gonzalo de Córdoba

PUERTA DE ARAGÓN

Luis Vives
Cisneros
Carlos V
Hernán Cortés
Francisco Pizarro
Magallanes
Fray Bartolomé de las Casas
Los dos Luises
Hurtado de Mendoza
Fernando de Rojas
San Francisco Javier (sin cabeza)
Santa Teresa
San Juan de la Cruz

CAPITANIA

Felipe II
Juan de Herrera
Juan de Austria
El Greco
Lope de Vega
Velázquez
Quevedo
Calderón de la Barca
Cervantes
Góngora
Ercilla
Martínez Montañés
Rivera

PUERTA DE NAVARRA

Murillo
Zurbarán
Alonso Cano
Luis de Victoria
Goya
D. Mariano Álvarez
Fortuny
Rosales
Castelar
Verdaguer
Menéndez y Pelayo
Padre Manjón
Sorolla

TORRE SUR

5.11.07

LA CRUZ DE LA PLACITA DE SANTA MARTA


En el bello barrio de Santa Cruz, en el centro de una recoleta placita, se halla la cruz del adarve o placita de Santa Marta, cruz procedente de un humilladero de San Lázaro.

La Cruz de Santa Marta fue mandada construir por el Asistente de la ciudad don Francisco Chacón y fue diseñada por el arquitecto Hernán Ruiz II en 1564 por encargo del Ayuntamiento para ser colocada en el crucero del camino a San Lázaro cuando ocupaba el cargo de Maestro Mayor de la ciudad. El ejecutor de la obra fue Diego de Alcaraz, que siguió fielmente las condiciones impuestas por el arquitecto[1]. El material es mármol para la Cruz, que lleva labrada un Crucificado por un lado y la Quinta Angustia por el otro. La peana y el pedestal son pétreos. El contrato, redactado por Hernán Ruiz, especificaba que el contratista debía abrir una zanja de planta cuadrada sobre la que colocaría un pilar de piedra del Puerto de Santa María sobre el cual irían dos gradas a modo de peana para un pedestal de piedra de Espera sobre el cual colocaría un fuste de mármol como soporte de la Cruz.

Esta Cruz pertenece a la tipología de humilladeros. En palabras del profesor Jesús Palomero "Los humilladeros son sencillas construcciones levantadas en los cruces de caminos que se hallan próximos a la entrada o salida de los núcleos urbanos. Su ascendencia es medieval y se alzaron con el triple propósito de ordenar el tránsito, señalar el límite o término... y fomentar la piedad de los viandantes"[2]. Otros humilladeros muy conocidos son el templete de la Cruz del Campo, el de San Onofre y el desaparecido de la Cruz del Rodeo que estuvo en el extremo norte de la Alameda y se rodeaba para hacer un Vía Crucis que tenía en su peana.

El lugar primitivo de la ubicación del humilladero de San Lázaro era extramuros de la Macarena, en la antigua calzada romana que llevaba a la puerta de la Macarena y donde confluían el camino real que venía de San Jerónimo y la vereda que daba a San Lázaro. La colocación en su actual emplazamiento del adarve de Santa Marta se realizó a primeros del siglo XX por iniciativa de la Diputación Provincial.

El adarve de Santa Marta es uno de los escasos vestigios que se conservan del urbanismo musulmán. Un adarve es una calle sin salida, muy frecuente en las ciudades musulmanas y que para algunos autores es el origen de los corrales de vecinos ya que al cerrarse la calle queda un ámbito interior al que se abren posteriormente los cuartos.

En Sevilla se conservan todavía muchos adarves, pudiéndose citar el de la Alcaicería de la Seda, Escuela de Cristo, calle Francos, Gandesa, Corral del Rey, Galindo en Cuesta del Rosario, Siete Revueltas, Oropesa, Entrecárceles y algunos más dándose el caso de que algunos de ellos están sufriendo un proceso de privatización debido a que los vecinos, afectados por problemas de seguridad, han colocado rejas a la entrada de los mismos convirtiendo así un espacio público en privado[3].

[1] La subasta para adjudicar la obra se realizó el 17 de agosto de 1564 ganando la licitación el cantero Diego de Alcaraz por 80 ducados.
[2] PALOMERO PÁRAMO, Jesús: Ciudad de retablos, El Monte, Sevilla, 1987, pag 15
[3] El 23 de junio de 2001 la Asociación de Profesores para la Defensa del Patrimonio “Ben Baso” organizó una jornada reivindicativa de esos espacios públicos que se están privatizando colocando pegatinas en los adarves afectados.

19.10.07

EL MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO DE BUENAVISTA (SEVILLA)


El monasterio, del cual se conserva parte del claustro principal y una torre integrado el conjunto en un centro cívico municipal, tuvo su fundación en el año 1414 sobre un terreno donado a la Orden Jerónima por el jurado de la ciudad de Sevilla don Juan Esteban, gran devoto de san Jerónimo. Este se unió a dos monjes jerónimos procedentes del monasterio de Guadalupe llamados fray Juan de Medina y fray Diego Martínez de Sevilla que era a su vez hijo de Nicolás Martínez de Medina, caballero veinticuatro de Sevilla y tesorero del rey Juan II y que es convencido por su padre para fundar en Sevilla un monasterio de la Orden Jerónima siendo nombrado fray Diego superior hasta su muerte en 1446. El motivo de la visita a Sevilla de los dos monjes jerónimos era en principio para prestar una asesoría legal al padre de fray Diego pero quiso la Providencia que su estancia en la ciudad se prolongase con la erección del monasterio.

El monasterio dependió del de Guadalupe hasta el año 1426 y pronto fue uno de los más importantes de Sevilla tanto por la altura intelectual y moral de sus monjes como por la riqueza de su patrimonio[1]. La monarquía le presto una especial atención, siendo visitado repetidamente por los Reyes Católicos, por Carlos V y por Felipe II de forma que podría afirmarse que fue escogido por los reyes como residencia en sus visitas a la ciudad. Habría que decir que la Orden Jerónima fue sin duda la predilecta de los reyes y de la nobleza castellana y que en su Regla admitía el ingreso de laicos siempre que fueran de la nobleza. La casa de Trastámara y los Austrias posteriormente se vuelcan con la Orden, que se convierte en riquísima, traicionando así su carisma primitivo de pobreza y soledad dando origen a una escisión que protagoniza fray Lope de Olmedo, que crea una Regla nueva inspirada en los escritos de san Jerónimo. En Sevilla esta escisión se llamara “los isidros” por tener a su cargo el monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce. Felipe II extinguió esta rama jerónima en 1557 incorporando sus monasterios a la única Orden Jerónima. Carlos V se entierra en Yuste y el hecho de que Felipe II les encomendase el monasterio del Escorial es ya buena prueba de ello de la confianza real sobre esta Orden.

El monasterio sevillano de Buenavista obtuvo de Felipe II, que lo visitó en 1570, el privilegio de imprimir las Bulas de la Santa Cruzada para las Indias allá por el año 1575 instalando los frailes para tal fin un imprenta en el interior del Monasterio[2]. Hasta esa fecha sólo el Escorial tenía ese privilegio. “De modo que ante el escribano público Mateo de Almonacid se firmó el acuerdo, el 21 de septiembre de 1574, pagando los escurialenses a los sevillanos por el solar y el trabajo un maravedí por cada Bula de vivos y una blanca por cada una de difuntos que se imprimieran”[3].

En San Jerónimo de Buenavista Felipe II, oyó misa, comió y asistió al rezo de Vísperas el primer día de la visita que realizó a la ciudad a fines de abril y primeros días de mayo de 1570.
El monasterio vivió su época de esplendor durante los siglos XVI y XVII comenzando
después una lenta decadencia. Los priores de Buenavista fueron con frecuencia llamados a ser Patronos y albaceas testamentarios de instituciones y personajes importantes de la ciudad. Así los vemos como patronos del Hospital de las Cinco Llagas, del convento del Socorro, del Colegio de Maese Rodrigo, convento de Santa Paula y un largo etcétera que nos dan idea de su influencia en la vida de la ciudad.
La invasión francesa en 1810 fue el comienzo del fin para el monasterio, que fue definitivamente desamortizado en 1835 dispersándose su patrimonio, yendo a parar algunas obras al Museo de Bellas Artes, otras a Santa Paula y otras a parroquias sevillanas. El edificio tuvo desde entonces diversos usos (lazareto, fábricas de hilaturas, cebadero de cerdos) hasta que el Ayuntamiento de Sevilla lo compra en 1984 para reutilizarlo como centro cívico[4].

En el Museo de Bellas Artes de Sevilla se halla, como depósito de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, la magnífica escultura en barro cocido de San Jerónimo, procedente del este monasterio. Esta escultura es obra del escultor florentino Pietro Torrigiano nacido en 1472 y muerto en Sevilla, en el castillo de la Inquisición, en el año 1528. El autor ingresó de pequeño en la Academia creada por el mecenas Lorenzo de Medicis, coincidiendo allí con Miguel Angel a quien dejó chato de un puñetazo que le propinó según nos ha transmitido Vasari. Huyó de Florencia para escapar de la cólera del Medicis (que era gran protector de Miguel Ángel) y trabajó para el papa Alejandro VI viajando a Inglaterra donde recibe encargos para la Corte. En 1520 aparece en Granada y dos años después se afinca en Sevilla hasta su trágica muerte en el castillo de la Inquisición en el que se dejó morir de hambre y adonde había ido a parar por un pleito con el Duque de Arcos al no querer éste pagarle por una escultura de la Virgen lo que previamente habían acordado lo cual hizo que el maestro, enfurecido, rompiese la escultura. En nuestra ciudad trabaja para los jerónimos para los que modela el san Jerónimo y la Virgen de Belén.

Del San Jerónimo se puede decir que todos los elogios que se le han dedicado desde su creación son pocos. Es una obra genial, en tamaño natural y llena de realismo que destaca por su perfecto conocimiento de la anatomía y su perfecto acabado ya que puede contemplarse desde cualquier punto de vista. Nos presenta a un hombre ya anciano pero sin un átomo de grasa, atlético, con una gran ascetismo en su rostro y una mirada que dirige ensimismado a un basto crucifijo de palo. Está modelado en barro cocido y policromado pudiéndose fechar en torno a 1525 y tuvo su capilla propia en el lado del Evangelio de la iglesia conventual.


[1] La escultura del famoso san Jerónimo y la Virgen de Belén, ambas del italiano Torrigiano así como la serie de cuadros de santos de la orden jerónima y de la vida de san Jerónimo de Valdés Leal que proceden de este monasterio se pueden hoy contemplar en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. También trabajo para ese monasterio Duque Cornejo y Juan de Espinal que pintó veintiséis cuadros sobre la vida de san Jerónimo y que decoraban el claustro principal.
[2] La Bula de la Santa Cruzada era un documento mediante el cual se concedían indulgencias y privilegios a los españoles que las adquirían mediante el pago de una limosna. Tuvo su origen en la Reconquista, que en España tenía carácter de Cruzada como una fuente de ingresos para la monarquía ya que sus ingresos, salvo un cuarta parte, eran cedidos por la Iglesia a los reyes para costear la lucha contra los infieles.
[3] CASCALES RAMOS, Antonio: La Sevilla americana. Ediciones Alfar. Sevilla, 1990. Pag 131
[4] Para un estudio detallado del monasterio es imprescindible la obra escrita por el arquitecto encargado de su restauración don José García-Tapial y León titulada “El monasterio de San Jerónimo de Buenavista” publicado por la Diputación en su colección de Arte Hispalense nº 58 y del cual tomamos parte de los datos.

Jesús Luengo Mena

7.7.07

LA VIRGEN DEL CORAL DE SAN ILDEFONSO


La Virgen del Coral es una de las tres pinturas más antiguas de Sevilla, formando una trilogía junto con la de la Antigua en la Catedral y la del Rocamador de San Lorenzo. A este grupo se puede añadir, aunque algo posterior, la Virgen de los Remedios del trascoro de la catedral.

La del Coral se puede fechar en torno a la segunda mitad del S. XIV y responde a un modelo iconográfico similar a las dos primeras citadas: la Virgen aparece de pie, con un gran desviamiento de la cintura y con el Niño en brazos, vistiendo ricos ropajes incluyendo una capa. Recibe ese nombre porque el Niño lleva un collar al cuello del que pende un coral. Sostiene al Niño en su brazo derecho y en la mano izquierda lleva una fruta que le ofrece al Niño. Una bella cabellera rubia le cae por los hombros, el rostro presenta una gran dulzura y ensimismamiento y tras su cabeza asoma una aureola. El Niño aparece desnudo sosteniendo en su mano derecha un pajarillo. Unas cabezas de ángeles que aparecen en el fondo son fruto de intervenciones posteriores realizadas a finales del S. XVII. Todo el conjunto aparece rodeado por unos rayos dorados. Aunque la pintura ha sido objeto de muchos repintes y restauraciones, no todos afortunados, conserva parte de sus rasgos primitivos que la hacen mantener la ingenuidad propia de estas imágenes, claramente deudoras de la escuela sienesa de las que derivan las tres imágenes antes citadas.

La Virgen del Coral fue una de las devociones marianas más señeras de Sevilla. Sucedió que la primitiva parroquia de San Ildefonso (del tipo mudéjar medieval sevillano) entró en ruina y hubo que proceder a su derribo en el año 1794. Los bienes muebles susceptibles de ser trasladados a otros lugares fueron repartidos por parroquias o casas de particulares. Eso sucedió con el Cristo de los Mulatos, hoy de la cofradía del Calvario, que fue a parar a la Escuela de Cristo. Pero la Virgen del Coral está pintada sobre un muro por lo que no podía ser trasladada. Se optó por respetar el muro en que estaba el sagrado icono cubriéndolo adecuadamente con un cajón de madera con las suficientes garantías mientras duraban las obras y así estuvo hasta que el dos de julio de 1807 se procedió, una vez ultimada la nave del Evangelio, a trasladar a su cabecera el muro que tenía pintada la Virgen del Coral. Para asegurar el éxito de la maniobra se celebró una misa solemne el mismo día del traslado, oficiada por don Juan Acisclo de Vera, obispo de Laodicea. En los Anales que José Velázquez y Sánchez escribió sobre Sevilla en los años de 1800 a 1850 se nos cuenta que “se cortó el muro en que estaba pintada la imagen y con tornos y aparejos se transportó al hueco prevenido al propósito con toda felicidad quedando asegurada la conservación de aquel cuadro, objeto de particularísima devoción de muchas personas y familias”.

Una tradición muy antigua que recoge el Abad Gordillo en su libro sobre la religiosidad sevillana atribuye la autoría de la Virgen del Coral a un monje llamado Eustaquio que la pintó sobre un cañizo de barro de Coria y que san Ildefonso era uno de los grandes devotos de esta imagen, atribución que no resiste la más leve crítica.

Y para terminar, unas líneas sobre el magnífico templo que alberga a la Virgen del Coral. El templo parroquial de San Ildefonso es uno de los escasos ejemplos de arquitectura neoclásica que hoy tiene la ciudad (el otro gran templo de este estilo es el de San Bartolomé). Tras el derribo del anterior templo, el académico don Julián Barcenilla trazó planos que llevó a cabo el arquitecto carmonés José Echamorros. Puesta la primera piedra en 1794 se concluyó el templo en 1841, siendo bendecido por el cardenal Juan Gállego. Es una iglesia neoclásica de planta basilical, con fachada principal a los pies flanqueada por dos torres (caso también excepcional en Sevilla) y de tres naves con crucero al interior, cúpula sobre pechinas con tambor y ábside semicircular muy profundo ya que tiene el coro tras el Altar mayor, a la manera romana. La techumbre de la nave central, presbiterio y crucero se realiza con bóveda de cañón, cubriéndose con bóvedas de aristas y vaídas las naves laterales. Su retablo mayor es un templete de estilo neoclásico. Alberga este templo en una altar lateral una de las imágenes más devocionales de la Sevilla religiosa: el Cautivo, imagen del S. XVIII que procede del extinguido convento de Trinitarios Descalzos, en la calle de ese mismo nombre y del que se conservan algunas partes.
Jesús Luengo Mena

18.6.07

PORTADA DEL PALACIO DE MARCHENA EN EL ALCÁZAR


La magnífica portada de estilo gótico final que hoy hermosea los jardines del Alcázar sevillano procede de Marchena, concretamente del palacio Ducal cuya Plaza de Armas es hoy la marchenera Plaza Ducal[1]. Allí estuvo ubicado el palacio de los Duques de Arcos y posteriormente propiedad del Duque de Osuna a partir del S. XVII. La obra pertenece a la época de los Reyes Católicos, siendo un ejemplar interesante de dicho estilo con decoración gótica y elementos renacentistas abundando los motivos heráldicos. Se puede fechar sobre el año 1492 y se podría asignar a la producción del artista Juan Guas tanto por motivos estilísticos como por la relación de este arquitecto con los linajes propietarios del palacio. La portada, que no daba acceso a ninguna estancia de la casa sino a un patio apeadero, sufrió una modificación en la década de los años 1540 añadiéndose la reja de la parte superior y las figuras de salvajes que portan escudos con armas heráldicas señalando el nuevo linaje propietario del señorío.

La portada, en palabras de Juan Luis Ravé, sigue en su composición las estructuras típicas del mudéjar civil caracterizado por líneas verticales que enmarcan la portada, vano adintelado para el acceso, aparición de alfiz, decoración profusa propia del estilo y remates en cornisa que sigue las plantas de los retablos góticos de batea. Se estructura con pináculos laterales y dos figuras de salvajes en las jambas que sostienen sendos escudos heráldicos con las armas de los Ponce de León el de la izquierda y de los Figueroa y Fernández de Córdoba el de la derecha. El autor de estas esculturas es Esteban Jamete y se pueden fechar en torno a 1544. La puerta, sobre la que aparece un león, es adintelada y se remata con un arco conopial sobre el que se coloca un antepecho calado[2]. De nuevo aparecen en la parte superior motivos heráldicos: un águila y un león en el remate de loa pináculos, “símbolos que aluden a los ideales de la institución señorial: poder terrenal y altura espiritual”[3]. También aparecen de nuevo escudos heráldicos que llevan las armas de los Ponce de León y del linaje de los Pacheco. Para el profesor Morales este detalle hace pensar que tal vez la portada se hiciese durante la minoría de edad de don Rodrigo Ponce de León, primer Duque de Arcos, dado que su abuela paterna y tutora era doña Beatriz Pacheco cuyas armas aparecen en la portada[4].

Fue colocada en este lugar en el verano del año 1913 por deseo del rey Alfonso XIII cuando desapareció el palacio Ducal. El arquitecto que dirigió está empresa fue don Vicente Traver y Tomás. La puerta de Marchena fue despiezada "in situ" y montada de nuevo en los jardines del Alcázar para comunicar la llamada Huerta del Retiro con el jardín de la China. La puerta fue adosada a la Torre del Enlace y adquirida con su peculio particular por S. M. el rey Alfonso XIII en la subasta de los bienes de la Casa Ducal de Osuna siendo comprada en su nombre por don Benigno Vega Inclán y Fratel, Marqués de Vega Inclán, académico de la Historia y gran especialista en jardines[5]. La puerta costó en total 8.850 pesetas incluidos los gastos de desmontaje y embalaje.
El palacio de los Duques de Arcos ocupaba el sector urbano más emblemático de Marchena, frente al Ayuntamiento, encontrándose hoy en su lugar un bloque de viviendas. “ La portada venía a cumplir en el conjunto de la alcazaba una doble función: separar el área pública del castillo del área privada y darle de una entrada representativa”[6].
Tras la muerte el dos de junio de 1882 de don Mariano Téllez Girón, Duque de Osuna, con unas deudas que sumaban los 43 millones de pesetas los acreedores se lanzan como aves de rapiña sobre uno de los mayores patrimonios nobiliarias que aún quedaban en España. Los prestamistas toman lo que pueden pues la quiebra era total. Ahí comienza el expolio del palacio ducal puesto en manos de anticuarios y comerciantes y hasta sus piedras y mármoles se emplean para edificar casas en la localidad. Del palacio, que tuvo tres plantas con una gran portada barroca y entre sus muros tapices de Rubens y cuadros de El Greco y de Ribera e incluso albergó dos conventos no quedó piedra sobre piedra y hoy día solo conservamos el apeadero, patio de carruajes, parte de murallas y la puerta del Tiro de Santa María. La portada estuvo a punto de salir de España pero el buen criterio del Rey lo impidió al comprarla para su alcázar sevillano. El magnate de la prensa norteamericano Willian Randolph Hearst intentó comprar para su castillo la portada en 1912 pero el Rey ejercicio el derecho de retracto en nombre del Estado español por mediación del Marqués de la Vega Inclán como hemos indicado anteriormente. Aunque no llegó a llevarse la portada si que logró hacerse con dos artesonados, localizados en su castillo californiano de San Simeón por el profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid don José Miguel Merino de Cáceres. Dicho castillo es hoy día todo un museo, contando con obras de artes de todas las épocas y entre ellas 87 artesonados procedentes de España. La portada principal de su castillo es una reproducción de la puerta marchenera que no logró llevarse. Los artesanados y frisos que hoy tiene la escalera que da al patio de la llamada Casa de la Condesa de Lebrija provienen también del mismo palacio marchenero, según la propia doña Regla Manjón afirma.

NOTAS:
[1] El estudio más completo sobre esta portada se puede ver en el capítulo que le dedica Juan Luis Ravé dentro del libro publicado por el Ayuntamiento de Marchena que recoge las Actas de las V Jornadas sobre Hª de Marchena, en su Volumen V.
[2] El gran arco conopial de esta portada guarda grandes similitudes con los de las iglesias vallisoletanas de San Pablo y San Gregorio.
[3] RAVÉ, Juan Luis: op cit pag 126
[4] MORALES, Alfredo: El Real Alcázar de Sevilla. Editorial Scala 1999. Pag 118
[5] El Marqués de Vega Inclán, vallisoletano de nacimiento, fue director de la Comisaría Regia del Turismo con Alfonso XIII, antecedente del actual Ministerio, y bajo su mandato se reurbanizó el barrio de Santa Cruz y se añadieron en los jardines del Alcázar la llamada Huerta de Retiro.
[6] RAVÉ PRIETO, Juan Luis: Actas de las V Jornadas sobre Historia de Marchena. Volumen V. Ayuntamiento de Marchena. Marchena, 2000. Pag 125

Jesús Luengo Mena